Dicen que quien no conoce su historia, está condenado a repetirla. Esta es una breve narrativa de la historia de la Influenza o Gripe Española en México.
Así como las similitudes con la pandemia del COVID-19 en México, a la llegada de la pandemia de la influenza española a México, la prensa fue la principal encargada de alertar a la población, además también difundir tratamientos, medidas preventivas e ideas para combatir la gripe española.
El principal periódico de la época era EL DEMÓCRATA, un periódico político, literario y comercial.
En México aún no existía la Secretaria Salud, sino una dependencia llamada CONSEJO SUPERIOR DE SALUBRIDAD.
Esta dependencia fue creada en 1917, y su primer titular fue el DR. JOSÉ MARÍA RODRÍGUEZ, originario de Saltillo, de hecho, el hospital general lleva su nombre, en honor a él, según me lo comentó mi amigo y decano Dr. Guillermo Guerra Valdéz.
Refiere el Dr. Guerra, que lo conoció, que el Dr. Rodríguez renunció a su cargo debido a las malas decisiones que tomaron para sobrellevar la epidemia.
Con la llegada de la pandemia a México, en octubre de 1918, el Consejo Superior de Salubridad subestimó el impacto de la pandemia, (la historia se repite) y claro sus predicciones fueron superadas por mucho.
México no estaba ni remotamente preparado desde el punto de vista sanitario para esta pandemia (la historia se repite), el diputado Dr. José Siurob, reclamó al gobierno federal doscientos mil pesos, que habían prometido para el combate a la pandemia. Pero estos apoyos económicos nunca fueron aportados (la historia se repite).
Según datos de ese tiempo, los primeros pacientes que se reportaron se dieron en marzo de 1918 en una base militar de Kansas, EEUU, pero fue hasta septiembre de ese año que inicio la pandemia de la gripe española en EEUU, en la frontera con México, El Paso, Texas, en una de sus bases militares ahí rápidamente aumentó el contagio. Según datos se reportaron 88,461 casos y diariamente fallecían 220 pacientes.
Luego de esto, en México se empezaron a reportar casos en los estados colindantes como Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas. En octubre de 1918 había una amalgama perfecta para que se desarrollara la pandemia en México, un país con un muy deficiente sistema de salud, sumido en una crisis social por la violencia a causa de la guerra, un gobierno inestable y mucha pobreza (parece que la historia se repite).
Aunado a esto, el inicio de la temporada otoño-invierno hizo que se aumentaran de forma muy rápida los contagios y se agravara la pandemia aquí en Coahuila.
Torreón fue uno de los primeros Municipios en reportar casos (300), empiezan a fallecer pacientes infectados con influenza, al igual que en los municipios de Monclova, Cuatrociénegas, Candela y Piedras Negras.
El día 9 de octubre de 1918, según el diario El Demócrata, se empiezan a reportar más de 5 mil contagios, en estos estados fronterizos, principalmente entre personal del servicio postal y oficinas federales, la letalidad era de aproximadamente un 5% de los contagiados.
El Consejo Superior de Salubridad, toma la decisión de suspender el tránsito a los lugares infectados, así como el hecho de cerrar Iglesias, teatros, lugares públicos; solo se permitía que permanecieran abiertos los comercios que vendían artículos de primera necesidad (la historia se repite).
No se podía obtener un dato exacto del número de defunciones y por tal motivo no se podía hacer un estudio epidemiológico. Solo por medio de las actas de defunción, se podía llevar una estadística epidemiológica, aunque no muy exacta, ya que en muchos casos no había diagnóstico concreto (subregistro) y también empezaron a escasear las actas de defunción, (la historia se repite).
Así que de esta forma la comunidad médica fue sorprendida por este nuevo virus (la historia se repite).
El Consejo Superior de Salubridad, dio las siguientes recomendaciones: Dieta sana, tomar distancia, higiene personal, uso de cubre bocas; el cual no hubo necesidad de hacerlo obligatorio, la sociedad en las ciudades más pobladas fue muy participativa.
En cuanto al tratamiento médico, se dieron cuenta, que además de la infección del virus se les agregaba una infección bacteriana que causaba una NEUMONÍA, la principal causa de muerte, con sus síntomas: dolor de cabeza, fiebre alta, dolor de garganta, malestar general y también vómito, diarrea, angustia y depresión. Este último síntoma causó suicidios. Por ende, los médicos empezaron a recetar lo que se les ocurría, muchos de estos medicamentos inútiles y a veces contraproducentes, ejemplos de tratamientos:
• Enjuagues bucales y nasales con agua oxigenada.
• Arsénico como reconstituyente, que en ese tiempo se usaba también contra el asma, reumatismo, sífilis y tuberculosis al igual que en anemias.
• Glicerofosfatos para aumentar la circulación vascular y reponer electrolitos (el fosfato es tóxico).
• Polvos de Dower (opio e ipecuana) para mantener al paciente relajado, por la ansiedad y depresión.
• Otros médicos recomendaban purgantes, café, ajos, fumar, cerveza, yodo, ron o coñac.
• Así como fenol o ácido fénico, que era un fungicida, bactericida, antiséptico para aseo oral, al igual que inhalaciones de mentol alcanfor.
• Algunos médicos extraían suero de pacientes convalecientes, pero sin mucho éxito, ya que no tenían los suficientes recursos técnicos como asepsia y además era difícil contactar estos pacientes ya que no había mucha información de los enfermos.
• Los homeópatas también iniciaron con sus tratamientos a base de belladona, carbolic y manzanilla.
• Otros utilizaron una solución de oro, sin mucho éxito, ya que según reportes la mitad de los pacientes fallecían durante el tratamiento.
Claro, no dejó de haber los charlatanes, con un medicamento cura-todo o productos milagro (la historia se repite).
Una nota de el periódico El Demócrata del 19 de octubre de 1918 rezaba: “NO MÁS INFLUENZA”, gracias a un medicamento llamado RESURRECCIÓN de efecto inmediato, quitando los síntomas de catarro, tos, fiebre, estornudos, dolor de cabeza y por “encanto” desaparecían los síntomas de la influenza, que hasta los niños lo podían tomar, inclusive menciona dicha nota, que los niños lloraban si no se les daba el jarabe mágico. El bote grande (no se refiere su contenido en mililitros) costaba 2 pesos y el bote pequeño costaba 1.05 pesos.
Había otro medicamento milagro: FEBRINA, no se sabía su fórmula, pero según esto poseía una patente alemana del Dr. Sieg, y refiere la nota que se vendía en la calle Madero de la Ciudad de México.
No se sabe si estos medicamentos estaban autorizados por el Departamento de Salud, pero, en fin, se ponían a la venta al público.
Por último, de los tratamientos más efectivos que se utilizaron para combatir la pandemia de la gripe española en México de 1918 se puede contar a la QUININA, un medicamento contra la MALARIA. Que coincidencia, la IVERMECTINA, sustancia actualmente usada para tratar COVID-19, es un tratamiento contra la malaria, (la historia se repite).
Claro, la quinina no estaba aprobada por el Consejo Superior de Salubridad, sin embargo, un muy numeroso grupo de médicos la recetaban de esta manera: “Tomar 20 centigramos diarios de quinina” y agregaban SALPIRINA (aspirina).
En ese tiempo la quinina costaba 80 pesos, pero debido a la pandemia su precio se elevó a 400 pesos (la historia se repite).
Inclusive un político mexicano, el diputado Juan Espinoza Bávara, de Acaponeta, Nayarit, compró 2,000 pastillas para repartir entre la gente pobre (la historia se repite).
Total que, esa sociedad convulsionada por la guerra, sin un gobierno plenamente establecido y una sociedad económicamente diezmada, aun así se liberó de la pandemia.
Los grandes beneficiados fueron las farmacéuticas, los servicios funerarios, que no se daban abasto con los ataúdes y los panteones. Curiosamente nadie de la clase política y militar de alto rango falleció de la influenza española.
En la revolución murieron aproximadamente 300 mil combatientes, la pandemia de la gripe española causó según datos de el periódico El Demócrata 436,200 muertes.
En Coahuila se reportaron 16,000 muertes en todo el estado a causa de la pandemia de 1918.
Todo el trabajo de día y noche, de los laboratorios, farmacéuticas y médicos por encontrar una vacuna o un tratamiento específico contra este desconocido virus no fructificó y así 2 años después, Dios y la naturaleza hicieron su trabajo de una forma NATURAL, por inmunidad en rebaño o de grupo.
La pandemia terminó una fresca mañana del 13 de abril de 1920, día en que el Consejo Superior de Salubridad dio por terminada la pandemia.
Dr. J. Antonio Salinas Rodríguez.
Monclova, Coahuila, México.
